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Opinión 01-05-2026 07:26

DECADENCIA MORAL Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid

Un gran teólogo como el papa Bedicto XVI trató de dar una línea de evangelización a esta viaja cultura de Europa, y su enseñanza ha calado en muchas conciencias, y parece que en estos tiempos está dando sus frutos en tantas personas desorientadas. El recuerdo de la última Semana Santa, ha demostrado un gran fervor popular, y bien se puede interpretar como una búsqueda de las cuestiones y preguntas de una sociedad acomodada e insatisfecha ...

 

 

La situación de crisis del cristianismo en que ha entrado la sociedad europea, ha conducido a una decadencia moral, por lo que bien podemos calificar que estamos sufriendo una desmoralización. Hemos llegado al momento en el que encontramos una sociedad vaciada del sentido de la vida. Durante muchos siglos de historia el cristianismo dio a Europa un sentido de vivir, que le proporcionó una moralidad, que abarcaba a todos los niveles de la sociedad. Hoy día, esa moralidad se ha arrinconado, y se ha dado vigencia a una liberalidad sin límites con lo que no damos abastó a la cantidad crímenes que llegan a los juzgado, y la inmoralidad del comportamiento respecto de las personas.

En toda Europa, otrora, se descubría la riqueza ideológica de la sociedad, cuando al llegar a las poblaciones, que enriquecían el campo, contemplábamos los caseríos, y en algunos pueblos, que tienen su tradición, algunas almenas de un castillo, pero sobre todo ello se veía un campanario rematado en una cruz. Ese sistema de vida que se había elaborado, era fruto del bagaje cultural que nos había aportado una filosofía griega que nos había enseñado a razonar, de una cultura romana que nos educó con un derecho que ordenó la convivencia, y de un cristianismo que nos enseñó a vivir con una ilusión y una esperanza, que llenó la vida de optimismo. Estas tres culturas armonizadas con una creencia del hombre, llevó a esta sociedad a los más altos niveles intelectuales y de moralidad.

En el momento de crisis que estamos padeciendo, se nos plantea, como problema, el aceptar o rechazar esa cultura que ha estado vigente en nuestra sociedad, si se acepta Europa seguirá siendo guía de esta civilización, pero si se aparta de ella, caminará hacia la nada. Estamos ante una rica herencia que puede ser aceptada o rechazada, si se rechaza dejará de ser Europa. Por lo que, si queremos conservar la riqueza de nuestra tradición, tenemos que pensar y decidir sobre la crisis espiritual que esta padeciendo nuestra sociedad, que fundamentalmente se debe a la ignorancia, pues se da una educación apartada de la formación humanística, basada de la herencia de las tres tradiciones de donde venimos.

Esta civilización que se ha extendido por el mundo, llevando como insignia la cruz hasta tiempos recientes, por aquellos lugares por donde pasaron los pueblos europeos se fue implantado la cruz. Porque fue quien supo hermanar las tres civilizaciones y darles vida, hasta estos tiempo, fue la fe cristiana, y no sólo en el ámbito de la religiosidad, sino, también, en el razonamiento que enseñó y condujo a la proliferación de las investigaciones, que han llevado al auge de esta cultura.

La crisis de este pensamiento comenzó con la Revolución Francesa, que parece, que no se ha asumido en su contenido profundo, pues comenzó apropiándose de las ideas matrices del cristianismo: «Libertad, igualdad, fraternidad». Pero en su aplicación se olvidaron del contenido cristiano, y aceptaron la libertad de los que pensaban como ellos, a los demás se les aplicó la guillotina, o el genocidio como en la Vendèe; en cuanto a la igualdad se adaptó con privilegios para los suyos y se advierte claro cómo lo aplican para los de su partido; en cuanto a la fraternidad, como esto en el cristianismo se ordenaba a considerar a todos como hijos de Dios, tomó una orientación clara de odiar y perseguir el cristianismo. Lo cual no puede extrañar, porque ya nos anunció su fundador Jesús: que sus seguidores serían perseguidos. Ser cristiano ha llegado a ser, en motivo de vida sana, pero de gran peligro para el creyente.

La crisis de la ideología cristiana que padecemos, está trayendo la decadencia no sólo del orden moral, sino también del intelectual. Al contemplar ahora la política de Europa, camino de una globalización, vemos que es para entregarla a fuerzas extrañas, por lo que el pueblo pierde su carácter propio, y se encuentra cada vez más desmoralizado, y cae en el vacío, al faltarle el sentido de su tradición, por lo se hace necesario volver a basarse en los elementos de aquella esperanza, que animó a los pueblos y que llevó a crear un gran civilización.

Por lo que tenemos que volver a un nuevo renacimiento, que no es copiar el pasado. Es suficiente que se vuelvan a valorar los principios de la civilización cristiana. Se pueden alegar muchos motivos, pero básicamente nos enseñaron el valor de la dignidad de la persona, y como consecuencia de este reconocimiento la afirmaron de la libertad, la igualdad, el pluralismo y la tolerancia. Alguien alegará que en circunstancias se aplicó defectuosamente, pero la doctrina como explicó el fundador era clara y debemos tratar de recuperarla en su integridad.

Algo se esta moviendo en el interior de esta sociedad de occidente, que ha llevado en los últimos tiempos, a añorar la atávica necesidad de tratar de encontrar el sentido de la vida, superando el materialismo y del ensueño del progreso tecnológico, que nos ha llevado a desconocer a la persona. Partiendo de la filosofía griega que supo descubrir al hombre, y siguiendo por la doctrina cristiana que supo dar una orientación a las aspiraciones de la persona, se pudo crear la civilización europea, y es necesario volver a sus valores para orientar a la sociedad actual.

Un gran teólogo como el papa Bedicto XVI trató de dar una línea de evangelización a esta viaja cultura de Europa, y su enseñanza ha calado en muchas conciencias, y parece que en estos tiempos está dando sus frutos en tantas personas desorientadas. El recuerdo de la última Semana Santa, ha demostrado un gran fervor popular, y bien se puede interpretar como una búsqueda de las cuestiones y preguntas de una sociedad acomodada e insatisfecha del materialismo en el que vive, y necesita algún ideal que le justifique su vida

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